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El Paraná no es una "Hidrovía": 800 km de resistencia contra el ecocidio y el silencio político

Desde el pasado 7 de marzo, las aguas del Río Paraná no solo transportan sedimentos y vida; transportan indignación.

El Paraná no es una "Hidrovía": 800 km de resistencia contra el ecocidio y el silencio político

Desde el pasado 7 de marzo, las aguas del Río Paraná no solo transportan sedimentos y vida; transportan indignación.

Desde el pasado 7 de marzo, las aguas del Río Paraná no solo transportan sedimentos y vida; transportan indignación. Bajo la consigna “Salvemos el Paraná y sus humedales”, una columna de embarcaciones recorre 800 kilómetros en una travesía de 14 días que busca despertar a una dirigencia política que, frente al avance del capital extractivista, parece haber elegido el mutismo como estrategia.

Esta iniciativa, impulsada por el Foro por la Recuperación del Paraná junto a un amplio arco de organizaciones sociales y ambientales, no es un hecho aislado. Es la continuación de aquella épica remada de 1.200 km que el año pasado unió al litoral bajo un mismo grito: el agua es vida y soberanía.

El costo invisible de los "44 pies"

Luciano Orellano, referente de la movilización, es tajante en sus declaraciones para Vanguardia FM: la cuenca del Plata está en una crisis estructural. No se trata solo de un río, sino de un sistema interconectado que llega hasta el Amazonas. Sin embargo, el proyecto de profundizar el dragado a 44 pies para permitir el ingreso de buques de ultramar al corazón del continente amenaza con transformar este ecosistema en un canal industrial inerte.

"Quieren encajonar el río, acelerar su curso y secar lagunas y arroyos. Es un ecocidio planificado sin un solo estudio de impacto ambiental serio", advierte Orellano.

 

Las consecuencias de este modelo de "sobreproducción" son tangibles:

  • Desplazamiento de comunidades: 9.000 familias de pescadores, los "ignorados del río", ven amenazado su sustento y su cultura.

  • Alteración del ciclo hídrico: El dragado intensivo acelera el escurrimiento, afectando la reproducción de especies y la salud de los humedales.

  • Extranjerización del territorio: Detrás de las obras públicas, asoman negocios inmobiliarios y el control de potencias externas sobre el "pulmón de agua dulce" más importante de la región.


Un silencio que aturde

Lo más alarmante de esta entrega no es solo la presión de las multinacionales, sino la ausencia de respuestas oficiales. Mientras las banderas argentinas con leyendas como "Argentina sangra por el Paraná" flamean en las lanchas y piraguas, los despachos gubernamentales permanecen cerrados a la discusión ambiental.

La política actual parece entender el río únicamente como una cinta transportadora de granos y divisas, ignorando que sin agua no hay fábricas, no hay alimentos y, fundamentalmente, no hay futuro. Se prioriza el interés de "cuatro o cinco vivos" —como denuncia Orellano— por encima de la herencia de soberanía que figuras como San Martín y Belgrano defendieron con sangre.

Reflexión: ¿Qué río le dejaremos al mañana?

Navegar río abajo hoy es un acto de rebeldía. Es recordarle al Estado que la riqueza de una nación no se mide en pies de profundidad para buques extranjeros, sino en la salud de sus ecosistemas y la dignidad de quienes los habitan.

El Paraná es un organismo vivo, no una mercancía. Mientras la travesía avanza, la pregunta queda flotando en el aire y en cada orilla: ¿Hasta cuándo permitiremos que el silencio de quienes deben protegernos sea el cómplice necesario de la destrucción de nuestra propia casa?

La soberanía no se declama, se ejerce defendiendo el territorio. El río nos está hablando; lo mínimo que podemos hacer es dejar de mirar hacia otro lado.

 

 

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