
Carta de lectores: Prof. Ricardo Gonzalez.
"Quien quiera conocer una cosa, no podrá conseguirlo sin entrar en contacto con ella, es decir, sin vivir (practicar) en el mismo medio de esa cosa.
"Quien quiera conocer una cosa, no podrá conseguirlo sin entrar en contacto con ella, es decir, sin vivir (practicar) en el mismo medio de esa cosa. (...) Si quieres conocer, tienes que participar en la práctica, en la transformación de la realidad." Esta afirmación no es una consigna teórica, sino una verdad profundamente encarnada en la historia viva de Puerto Gaboto, el primer asentamiento español en tierras del actual territorio argentino, fundado en 1527. No es casual que haya resistido el paso de los siglos: su existencia está tejida por generaciones preexistentes al hombre blanco, que no solo la habitaron, sino que la transformaron, día a día, en una lección viva del tiempo.
Puerto Gaboto no es únicamente un punto en el mapa ni una nota al pie en los libros escolares. Es una comunidad que respira historia. Pero no una historia congelada, de museo, sino una que se mueve, se reinventa, se contradice y resiste. Para comprenderla, no basta con leer sobre ella: hay que caminar sus calles, ver el río Coronda correr con el mismo pulso de hace siglos, observar el cansancio del río Carcarañá al desembocar, hablar con su gente, y sobre todo, participar en la construcción cotidiana de su memoria.
La fundación del fuerte Sancti Spiritus por Sebastián Gaboto fue, sin saberlo, el primer gesto de un relato que seguiría escribiéndose con esfuerzo y con sangre, con trabajo y con sueños. Aquel episodio no fue solo un hecho fundacional sino una marca de carácter: Puerto Gaboto siempre fue un lugar de encuentros y desencuentros, de luchas y mestizajes, de avances y retrocesos.
"Quien quiera hacer historia primero debe aprender de ella", y eso lo saben bien quienes hoy levantan la voz en defensa de su patrimonio, quienes promueven el turismo histórico, quienes enseñan a los niños y niñas que el lugar donde nacieron es también el escenario de una de las gestas más antiguas de América del Sur. Hacer historia no es monopolio de próceres ni de batallas: es también el trabajo de quien restaura una casa antigua, de quien organiza una feria artesanal en la plaza, de quien lucha por preservar los restos arqueológicos de Sancti Spiritus, de quien defiende el humedal como parte del legado natural y ancestral de este rincón fundacional.
Puerto Gaboto es testimonio de cómo la historia no solo se recuerda, sino que se practica. Es una memoria que se pone en movimiento cada vez que alguien se compromete con su comunidad. No se puede conocer sin participar; no se puede amar sin defender; no se puede hacer historia sin haberla vivido.
En este casi medio milenio de vida, Puerto Gaboto nos recuerda algo esencial: el pasado no es un lugar al que se regresa con nostalgia, sino una plataforma desde la cual proyectamos el futuro. Aprender de su historia es asumir un compromiso con su presente. Participar en ella es reconocer que cada gesto, cada decisión, cada palabra, puede ser también parte del relato que mañana alguien contará.
Porque quien quiera hacer historia, tiene que ensuciarse los pies con el barro del río, mirar al otro a los ojos, y sobre todo, no tener miedo de transformar la realidad. Como lo han hecho, desde hace 500 años, los hombres y mujeres de Puerto Gaboto.