
Alerta por mortandad de peces en el Carcarañá: dialogamos con Fabian Baena sobre la situacion del rio.
El fenómeno, que se viralizó rápidamente a través de registros de vecinos en redes sociales, encendió las alarmas en localidades como Oliveros y Puerto Gaboto.
La cuenca del Río Carcarañá se encuentra bajo una estricta vigilancia ambiental tras la aparición de miles de peces muertos durante el último fin de semana. El fenómeno, que se viralizó rápidamente a través de registros de vecinos en redes sociales, encendió las alarmas en localidades como Oliveros y Puerto Gaboto, derivando en prohibiciones preventivas de pesca y consumo.
Mientras la Secretaría de Medio Ambiente de Santa Fe aguarda los resultados de los análisis de laboratorio, el especialista Fabio Baena, autor de la Guía de Peces del Río Paraná, brindó un análisis técnico en Vanguardia FM sobre las causas detrás de este desastre ecológico.
El "cóctel" letal: calor, tormentas y sedimentos Según Baena, la mortandad no responde a un único factor, sino a una combinación crítica de variables ambientales y antropogénicas. El síntoma principal observado en las especies afectadas (principalmente sábalos, dorados y algunos bagres) es la anoxia o falta de oxígeno.
"No se ven hongos ni enfermedades externas en la piel; los peces mueren de forma gradual por un problema de respiración. Las especies con mayor demanda de oxígeno son las primeras en caer, mientras que otras más resistentes, como la tarucha o la vieja del agua, logran sobrevivir", explicó el experto.
El proceso se desencadena tras jornadas de calor extremo seguidas de tormentas intensas. El agua de lluvia remueve el limo o barro del fondo, poniéndolo en suspensión. Este sedimento no es "natural": está cargado de bacterias que, activadas por la temperatura, consumen el escaso oxígeno disponible en la columna de agua para procesar la materia orgánica.
Un río que funciona como "desagüe" industrial y agrícola La investigación sobre la calidad del agua apunta a la acumulación histórica de residuos. Baena advirtió que el lecho del Carcarañá actúa como un reservorio de contaminantes que se activan con las crecidas repentinas.
Efluentes industriales: Volcados de la industria láctea y frigoríficos, principalmente de la zona de Andino y Carcarañá arriba. Residuos domésticos: Localidades que vierten sus fluidos cloacales directamente al río sin tratamiento previo.
Agroquímicos: El río funciona como el drenaje natural de la cuenca sojera de Santa Fe y Córdoba, arrastrando herbicidas y fertilizantes.
"Ese barro en el fondo tiene un montón de 'condimentos'. Los sedimentos caen por gravedad y quedan latentes hasta que el agua se vuelve turbulenta. En ese momento, lo que el río 'guardó', entra en suspensión y genera este efecto tóxico", sentenció Baena.
Medidas oficiales y recomendaciones a la población La Comuna de Oliveros emitió un comunicado de alerta urgente tras detectar sustancias extrañas en la superficie.
Por su parte, las autoridades provinciales ya tomaron muestras de ejemplares y de agua, cuyos resultados finales se conocerán en aproximadamente siete días. Hasta que se descarte oficialmente la presencia de niveles peligrosos de toxicidad, rigen las siguientes restricciones:
Prohibición de consumo: Bajo ninguna circunstancia se debe ingerir pescado extraído del río, incluso si el ejemplar parece estar sano o moribundo.
Suspensión de la pesca: Tanto deportiva como comercial en el área afectada.
Precaución de contacto: Se recomienda evitar el ingreso al agua para actividades recreativas hasta que se emita un informe de salubridad oficial.
La solución de fondo: controles y normativa Para el especialista, el problema es estructural. La solución requiere una intervención rigurosa sobre las normativas vigentes: "Es necesario controlar de forma estricta los efluentes industriales y que las comunidades instalen plantas de tratamiento antes de realizar volcados a cielo abierto", concluyó Baena.