Gaboto: “Raíces literarias” , tercera parte , camino al quinto centenario.

Gaboto: “Raíces literarias” , tercera parte , camino al quinto centenario.

Ramón Giménez homenajea al gabotero: “Al gran pueblo de Gaboto” “…Si hay que parar un rodeo o hay que bandear una hacienda no hay cosa que no la entienda la gente de esta región. Le montan a un cimarrón en pelo o con guasca al pecho y para ir más derecho, según me dijo un islero, cruzar nadando un arroyo y enlazar con todo el rollo es miel para el gabotero…”


Rufino Conde , autor, compositor e intérprete de sus temas refleja en su extensa obra las vivencias en este Mensaje del lugareño. Así lo manifiesta en un fragmento:
“Si amaneciera la historia del pasado como un sueño quisiera sentirme un duende del paisaje desolado. Volar por los horizontes, mirar las aguas tranquilas, regatas de camalotes en épocas de crecidas. Ser escolta en las bandadas de las aves en extinción y llamarle la atención al cazador más furtivo porque ha desaparecido el paradisíaco isleño porque hay que sentirse el dueño que es de todos y no es de nadie porque existe un solo dueño el sol, la noche y el aire…” Y en “Amanecer gabotero”, finaliza el estribillo … ”Con nostalgia yo te canto de puro orgullo nomás. Mi lindo Puerto Gaboto, pueblito del litoral”.
Un antiguo habitante de Gaboto llevó su vida hacia otros lares, sin embargo no olvida al pueblo que lo vio crecer.


Albano Ramirez y “Arreando recuerdos del ayer” : Pueblo de Puerto Gaboto, jardín de mi litoral. Con tus paisajes, tus ríos y tu gente tan cordial. He recorrido tus calles en mi lejana niñez pasado maravilloso que jamás olvidaré. Viejo muelle de madera que tu costa embelleció las crecientes de tu río para siempre lo llevó. Aquel puerto cerealero que fue orgullo del poblado ha quedado en el olvido, es recuerdo del pasado. Llevo en mi mente la imagen no se borra todavía de aquel trencito a motor que de Maciel nos traía. Embellecen el paisaje los floridos ceibales y una flora embellecida con hierbas medicinales. Me despiertan con su canto la calandria y el zorzal cotorritas, jilgueritos, el coqueto cardenal. Barrancas de media altura que besa el camalotal vigilancia permanente de Prefectura Naval. Una fauna muy variada en la isla encontrará. Dos ríos besan sus costas Coronda y Carcarañá. Virgencita de Luján que de ti somos devotos te hacemos este pedido para mi pueblo Gaboto…”


Gaboto fue cuna y aliento para Olga Zuk Y nuevamente el río es cómplice de sus versos: “Nací a orillas de un río llamado Carcarañá. En un pueblito, Gaboto, no lo olvidaré jamás. Nací entre los esteros, entre el trinar mañanero de los zorzales en celos y los naranjos en flor. Gaboto de mis amores fuiste mi cuna, mis juegos. Así pasen muchos años, me encuentre lejos de ti mis pensamientos, Gaboto, quedarán siempre allí.”


Osvaldo “Totito” Herrera , dejó en la memoria ” El pueblo donde he nacido”: “Soy hijo de un pueblito antiguo Puerto Gaboto que don Sebastián fundara allá por tiempos remotos. Sancti Spíritus su nombre fue en el día de su origen mezclando sangre europea con nuestra sangre aborigen. Muchos quisieron matarte por intereses foráneos pero tú sigues viviendo aunque han pasado los años. Pueblito humilde y pobre allí donde yo he nacido con un corazón enorme pa´cobijar los amigos.

Yo veo mucho a mi gente luchar contra la pobreza. No saben que adentro suyo no hay nada más que riquezas. Despierta Puerto Gaboto, levántate y camina que sos el pueblo más lindo de nuestra Patria Argentina…”


Mirta Maldonado también nació en este suelo. Hace muchos años tuvo que dejar su pueblo. Añora a su “Querido Puerto Gaboto”, escrito de su autoría en la Antología Palabras del Alma. “Mi pueblito es un pedazo de paraíso en la tierra. No lo comparo con nada porque a nada se asemeja. Tiene una plaza chiquita, un hospital, una iglesia y cientos de palomitas cobijadas en su escuela. Sus calles son polvorientas y los veranos ardientes. La caza y la pesca son el trabajo de su gente.

Los jóvenes se van un día llevando sus esperanzas buscando una nueva vida en las ciudades cercanas. Los mayores se quedan poniendo su pecho al tiempo, para ellos no hay ciudades más hermosas que su pueblo. Yo también partí un día, perdiéndome en la distancia. Pero hoy quiero volver porque el pueblito se extraña. Extraño esas mañanas de verano junto al río cuando el sol se va reflejando sobre aguas su brillo. Ir llenando mis pupilas de verde naturaleza, mirar las bandadas de aves que en la distancia se alejan. Hoy llevo en mi memoria los recuerdos de mi pueblo, recuerdos que van quedando como agarrados al tiempo. Por eso aquí te nombro y al hacerlo te evoco, porque te llevo en el alma querido Puerto Gaboto.”

“A orillas del río Coronda” inspiró a Coco Plaza y el Chango Juárez en una reunión de amigos: … Un pueblo allá muy lejano lleno de pena y tristeza, yo voy cantando canciones para alegrar en la fiesta. Este pueblito es Gaboto cargado de tanta historia y yo en esta zambita lo traigo a su memoria. Rumbeando para la costa una tarde de domingo, allá en lo del Chango Juárez, bombo, guitarras y vino. A orillas del río Coronda una canoa navega y un pescador va silbando tratando olvidar sus penas.


Voces nuevas van surgiendo. Cada una con su impronta y sus deseos. Así lo canta Gustavo Plaza, autor de esta chacarera “Para cantar he venido”:
Soy de un pueblito olvidado anclado entre dos corrientes. Dos ríos que desde lejos vienen mojando su frente. Uno viene desde el norte. El otro desde el oeste. Se juntan en esta tierra para cantarle a mi gente. Pueblito litoraleño de esta provincia argentina, para cantar he venido y acá dejaré mi vida. Puerto Gaboto se llama el pago donde he nacido. Quiero que algún día te vengas conmigo. ¡Qué orgullo saberte cuna del hombre civilizado! También sos primera siembra. ¡Qué privilegio te han dado! Recuerdo desde pequeño contemplando tu belleza.

Después uno va entendiendo la sabia naturaleza. Cuando el destino me lleve hacia otra tierra algún día. No olvidaré, te prometo, este bing -bang de la vida.


Otras manos van plasmando en el papel sus sueños. Todas con el mismo sentir gabotero. “Paisaje gabotero” desde la mirada de Marcela Gorbarán :
“Un verde campestre se mueve sin prisa con la ayuda mansa de una cálida brisa. Un perfumado aroma a exquisitas flores enriquece este paisaje ¡Es una maravilla! Y allí en el lejano horizonte, sobre el agua rubia recién teñida se asoma el sol del universo que baña el río de fantasías. Más tarde, viéndose emblanquecer, el agua amarilla cambia su piel. De plata y límpida llega vestida la luna en otro nuevo anochecer. El cielo cubierto de lentejuelas plateadas se ilumina ahora, otra vez. Sin prisa y sin pausa el paisaje se tornó de un color azulado en el Gaboto de mi corazón.”

Maximiliano Leo, con sus saberes prácticos y ancestrales y en compañía de la lente de una cámara, nos introduce en un rico mundo visual impregnado de sabia naturaleza, describiendo en sus recorridos los tesoros que se esconden en los paisajes guardados en el monte, las islas, con las especies más variadas de la flora y la fauna regional.
“Horizontes” Los horizontes son grandes, llenos de cosas. Te parás en un borde del pueblo, achinás la vista como para ver más lejos y empezás: árboles sueltos en el campo, timbotales largos en la isla, casas, ranchadas, taperas, molinos lejos. La bruma por la mañana desde algún espejo de agua. Siluetas de animales que vuelan, de otros que pastan. Qué lejos queda todo cuando uno se para a ver en un borde. ¡Qué grandes son los horizontes de acá!
-Horizontes detrás de las cañitas-


Roxana Carlino nos regala “Cuando se encienden sus luces” Cuando se encienden sus luces mi pueblo empieza a soñar cosas bonitas que un día le supieron a él pasar. Sueña con la calesita que en su plaza vio feliz a muchos de sus chiquillos dele reír y reír. Cuando se encienden las luces mi pueblo recordará al tren que le traía noticias desde aquí y desde allá. Los barcos que fueron muchos su puerto solían besar y como novia enojada de a uno los vio alejar. Cuando se encienden sus luces mi pueblo empieza a soñar con la inocencia tan pura que su juventud dejó escapar. Pero al llegar de nuevo el día mi pueblo despertará y verá que fue solo un sueño y otra la realidad. Junto a vos pueblo costero yo también quiero soñar creyendo que es posible otra nueva realidad. No sé si volverán barcos o si la calesita funcionará pero deja que tu gente en vos encuentre verdad. Abrigará la nostalgia todo lo que te supo pasar y de a poquito mi pueblo empezarás a despertar. Cuando se encienden sus luces mi pueblo empieza a soñar que habrá otra hermosa mañana y ya quiere despertar!


Las más bellas postales se ofrecen gratuitas y generosas ante los artistas plásticos gaboteros y foráneos, quienes dejan sus sellos con pinceladas que refuerzan la identidad.
Todos, de algún modo, miran hacia el río. Cuna de aborígenes, testigos de la historia y el encuentro. Los mismos ríos que llevan el eco de la voz de César Herrera presentando el Festival o vistiendo la plaza de artistas que rinden homenaje a su pueblo para recordarnos que de esos dos mundos nació el nuestro. Este gran difusor de cultura popular, a través de su programa “De lo nuestro y en familia” propaló el escrito “Con Aires de barrio”. Aquellos barrios que lo vieron nacer y crecer.

“El barrio en un pueblo tiene magia… Si basta con pronunciar los alias de quienes lo habitan para llegar a destino. Ir de vereda en vereda, de casa en casa, de puerta en puerta. Y aparecen instantes de resabios nutridos de afecto por el paso del tiempo. Las calles eran las mismas. Los aires venían del mismo río. Muchos baldíos habían desaparecido. ¿Qué fue de aquel paisaje sereno y espaciado entre vecinos? El cambio perpetuo iba tras mis pasos. Eran las sombras que devolvía la mirada en otra época, como si un sutil toque de varita provocara destellos en la mente. Aquellos refugios que anidaban en los sentidos burbujeaban en el cuerpo con la sensibilidad a flor de piel. Casi como ayer, descubriendo el territorio- bicicleteando- desde la calle Zamora. Y allí estaban ¡Inolvidables! Los vecinos de los barrios…

Los aires del este traen los paisajes de las islas. Viene llegando un puestero en canoa hacia la bahía, en busca de provisiones para pasar unos días. Mientras recorro las calles el sol me pega en la frente. La percepción del espacio mezcla pasado y presente. Vienen a la memoria las vistas del noroeste trayendo aires de campo. Desde el ingreso al poblado la ruta 95 toma el nombre de Bustinza. Como una arteria que corta, entre el norte y el sur, huellas provoca. Con largo brazo se extiende. El centro cívico toca. Y en el trayecto rebota, como un codo, en la Alameda. Casi tocando el río va bordeando a la derecha y convierte como espejos el paisaje en un emblema. Mientras el camino sigue, llega hasta la Cruz de Irala.

Abre sus manos como alas y en un abrazo de aguas- donde se juntan los ríos- a todo el “Barrio indiano” parece que custodiara. Así, con aires del sur, viene trayendo a la gente y como en una pendiente hacia el centro los va empujando. Entre dos río latente, sigue intacto en la memoria, los nombres que hicieron nido entre el paisaje nativo recordando sus historias. Pareciera una osadía. Tal vez, es la sensación. Hablo de arrojo, valentía, decisión.

Lo que une a la gente del pueblo, sin dudas, es el corazón. Unos por las jineteadas, otros siguiendo el balón. Muchos cruzando sus ríos en busca de trabajo o recreación. Otros apostando al arte, la cultura, la tradición. Todos con la misma pasión. No se olvidan los apodos de la gente del lugar. Sean jóvenes o viejos, siempre se han de recordar. Unos por su don de gracia. Muchos tomando los nombres de la fauna regional. Porque la historia se nutre de pasado, de paisajes y de hombres y mujeres sabias que han dejado su mensaje. A ustedes pues, los invito a recordar estos nombres que siguen burbujeando el alma con un sentir amistoso.

Recuerden que esta es su tierra, abracen la pertenencia. Por todos los que vendrán, es preciso forjar identidad. Por un futuro glorioso para este pueblo que ansía poder seguir construyendo un presente memorioso”. (SUSI PLAZA) Camino al Quinto centenario… Las voces cantándole al pueblo seguirán elevándose al son de innumerables melodías.

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